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De identidades, facetas y hobbies.

Hace 28 años, en 1998, hacía mis pinitos intentando componer algo que sonase medio bien con el Rebirth 338. Mi PC, con sus poderosos 16 megas de memoria RAM hacía sonar mágicamente dos míticas Roland 303 y una caja de ritmos 909, emuladas, obviamente. Al poco tiempo un compañero del colegio donde estudiaba escuchó hablar de mí y me descubrió lo que significaba pinchar música electrónica.
Nos escaqueábamos de clase para ir a escuchar vinilos en una de las escasas tiendas de discos en Vizcaya o nos pasábamos la tarde poniendo discos en la cocina de su casa, en la que montaba un equipo modesto formado por dos platos de polea y una mesa de mezclas Akiyama. Tardaría un par de años en poder comprar mi primer plato e ir a los primeros concursos de DJ.

En el 2000 me recorrí las salas Tívoli, Columbus e Itzela, en las que a veces lograba quedar como finalista en algún concurso, pero no podía presentarme a la final porque no tenía coche y mis amigos no siempre podían llevarme. Más tarde tuve mi primer programa de música con un colega en una radio que no escuchaba absolutamente nadie. Conocí a mucha gente de la que aprendí un montón, con la que compartí cabina en salas que ya no existen y muchas horas de escuchar música, pinchar en txokos de algunos de ellos y en fiestas más o menos legales.

Esa faceta no me ha abandonado. Es una de las que he tenido durante toda mi vida. Y hace unos meses tomé la decisión de darle otro lugar, un espacio muy distinto al que tenía hasta ahora.

Me he dado cuenta de que a lo largo de mi vida no he sabido separar lo que era una faceta de lo que era una identidad. Y cuando asociaba algo que me gustaba hacer a mi propia identidad, no era capaz de quedarme en la superficie. Necesitaba adquirir una maestría que estuviera a la altura de mis expectativas, mucho más lejos de la media. Y eso es agotador cuando te gusta hacer muchas cosas. Y sobre todo, cuando esas cosas han formado parte de tu vida tantos años y has sido tan feliz mientras las hacías.

He de reconocer que para mí, hacer algo simplemente como “un hobby” es aún algo que no termino de apreciar como debería y que por ello, no puedo evitar meterme demasiado en algo que me llame la atención. Estoy aprendiendo aún en este sentido, pero encontrarás trazas de esto en este texto.

Epícteto dijo que te conviertes en aquello a lo que prestas atención. En mi caso, esta faceta había llegado a ser tan fuerte para mí que se adueñó de parte de mi identidad. Era una forma de representarme, de responder a la pregunta “¿quién soy?”. Pero aunque la de deejay es una faceta que tengo y de la que me siento muy agradecido, por lo que me ha aportado en otras áreas, ya no ocupa tanto tiempo de mi atención.

Hay diferentes motivos para ello. Podría decir que soy un dj de vinilo y que ahora la tecnología le ha quitado toda la gracia al arte de pinchar. Pero sería parte de la historia. En realidad, creo que hace tiempo que esta faceta ha pasado a ser un hobby y no tengo la motivación necesaria para estar todo el día seleccionando música y pensando en mezclas como antaño. Y está bien. Puedo disfrutar de esta faceta pasada como un hobby ahora, cuando el trabajo, la vida y otras cosas con las que estoy obsesionado en este momento, me piden un descanso.

Y qué guay es poder contar con descansos de este tipo.

Nos leemos.

Asier Marqués
Blog personal y reflexiones sobre gestión de ingeniería de software.